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El humo de una siega temprana
se confunde con el oxígeno del aire,
 mientras  en los cristales
 chocan las primeras lágrimas
 de un mar .
Su último calor
 quedó en la mano maternal
en la que se asía como último refugio
pero no fue bastante;
las alas se le abrieron en una metamorfosis
hasta entonces ignorada.
Foto y poema Milagros Morales.


Comentarios

PEPE LASALA ha dicho que…
Estimada Milagros, desde la Tertulia Cofrade Cruz Arbórea, te deseamos de todo corazón Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo, con la felicitación que hemos creado en nuestro blog.
http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/
Edurne ha dicho que…
"Su último calor
quedó en la mano maternal
en la que se asía como último refugio..."

El calor maternal no tiene comparación con nada.

Te deso una Feliz Navidad y los mejores deseos para el Año Nuevo!

Un besote
;)
Ricardo Miñana ha dicho que…
Hola Milagros, pasaba a saludarte y desear que estas fechas tan
entrañables tengas unas ¡felices fiestas!.
un abrazo.
Gabriel Garnica ha dicho que…
Siéntete orgullosa, porque has logrado conmover profundamente, al menos, a una persona. Tus versos me abren los ojos ante mi realidad, me descubren una nueva sensibilidad. Como poeta, regalas una visión que es tuya pero que a la vez conviertes en universal, en humana. Te admiro, yo no he conseguido esto. Te sigo leyendo atentamente.

http://gabriel-garnica.blogspot.com/
RAFAEL H. LIZARAZO ha dicho que…
Hola, Milagros:

Muchas gracias por tu amistad y cariño, que el Niño Jesús te guarde y te bendiga.

¡Feliz navidad!

Abrazos.
Marilyn Recio ha dicho que…
Un placer pasearme por tu hermoso espacio. Preciosa poesia!! Regreso pronto!!


Feliz Navidad!!

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De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.