Ir al contenido principal



Mi vocación. ( Poema premiado en el concurso de Altino Venecia)

Mi vocación no es de árbol milenario
con mi sombra a la espera de que llegues
cansado del camino,
ni velar a mis hojas, o sostener las nieves.

Me he dado tanto que estoy extenuada,
ya no importa tener copa, ni brisa,
ni estorninos.

Duele la presión de las raíces
cuando sólo retienen un puñado de tierra.



Comentarios

Juan Pan ha dicho que…
Excelente, Milagros; me encanta. Un abrazo
MiLaGroS ha dicho que…
gracias Juan
Pablo Suárez Alonso ha dicho que…
Hermoso e inspirador.
Mi más sincera enhorabuena por este reconocimiento tan merecido.
Gracias por compartir con nosotros tu talento.
Ricardo Fernández Moyano ha dicho que…
Enhorabuena Milagros, me gusta mucho. Un beso.
María José Collado ha dicho que…
Hay dolor y recompensa en el ciclo del árbol, en nuestra propia vivencia. Me ha gustado mucho este poema. Enhorabuena por el premio. Un abrazo.
Azzul. ha dicho que…
Es verdad.
Un beso.

Enhorabuena por tu premio.
Feliz semana.
Anónimo ha dicho que…
Precioso, Milagros, me ha encantado
Enhorabuena
Besos
Pilar Morte
maria amor ha dicho que…
Mucho fondo tiene ese poema,MILAGROS. Enhorabuena por tu premio. Me alegro mucho por ti.
http://sonadoresdelzulu.wordpress.com/ ha dicho que…
Me gusta mucho! Un saludo;)
Julián David González ha dicho que…
Que bueno ver espacios como este.
Namaste.

Entradas populares de este blog

SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.