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El Lago de los Cisnes - Chaikovski





No es una sinfonía bailable
la que forma el sonido del viento
con las gotas de lluvia
 en mis cristales, aún así,
miro a través de mi ventana
y me voy lejos ,al silencio
 donde las ideas se relajan.

Siento que surge
 la mejor canción, en el recuerdo agradable,
y agradecida la  bailo
con un vestido atemporal y descalza.

Sigue en mí la que fui ,
abrazada por la que soy ahora.

Las muchas que he sido
 como círculos concéntricos.

Comentarios

María José Collado ha dicho que…
El lago de los cisnes es una obra sublime, no pude cumplir mi sueño de calzarme las zapatillas de raso ni el tutú pero baila mi mente y fluye la sangre con esta partitura. Un abrazo.
Antonio Díaz Mola ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Díaz Mola ha dicho que…
Dostoievski también es un grande! Empápate de su obra.
Antonio Díaz Mola ha dicho que…
Precioso Milagros, llevo siguiendo tus poesías un tiempo, y deleitan a todo lector. A todo aquel que tenga corazón, claro. Me propuse escribir también, poemas, cartas, relatos, y estoy empezando. Te dejo mi blog, pues sería un orgullo que opinases sobre algún poema mío. Tu juicio sería a tener en cuenta.

http://versodeplata.blogspot.com.es/
Antonio Díaz Mola ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosa B.G ha dicho que…
Muy bellos versos, llenos de sentimiento.

Un beso
Rosa

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.