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Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

Comentarios

Licaón ha dicho que…
Sin perderse de cuando en cuando en la basura se sentirían más cerrados los caminos =) ¡Precioso poema!

Un saludo
Roque Soto ha dicho que…
Un fuerte abrazo, amiga, que no pare tu labor lírica tan humana y cercana.
Anónimo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
zenmara ha dicho que…
Se agradece
PsiconautaD ha dicho que…
estiercolero, esa palabra es nueva para mi, pero si reconozco esa sensación...
Sergio Omar Otero ha dicho que…
Tiempo que no te leía... siempre es un placer hacerlo
Nos despertamos al horror de nuestras propias inmundicias. Qué irrespeto y degradación de la madre tierra. Un abrazo. carlos

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.