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En la penumbra mágica


No sé esta locura
que le cuesta parir el alba
a qué conduce;
pero en este estado semidespierto,
en que el sueño se despereza en la posible,
en que las ideas van lentas
todavía caminando en la penumbra mágica,
en que intentas sentir de nuevo
la sensación del recuerdo dulce…
Es ahí donde ninguna lógica
impone sus reglas
y el deseo inunda con calidez las sombras.

Comentarios

María (lady) ha dicho que…
Milagros,
Se me cierran las persianas,
Recordaré tus dulces versos
-cálidos y sin reglas-
al despertar, al alba.

Bezzzoz
M. Angel ha dicho que…
Entrando por la ventana semi abierta
me sorprenden los amaneceres
con su luz y gama de colores
Cuando aun estoy semi despierta.

Abre tus ventanas y deja los soles
te sigan inspirando tan bellos poemas.
Saludos sinceros.
Edurne ha dicho que…
Inundan los deseos las sombras...

Pues dejémosnos inundar, que seguro que nada malo traen!

Besitos!
MiLaGroS ha dicho que…
Un beso a los tres . Muchas gracias.
Estos dias estoy un poco sosa. No se me ocurre que decir pero para mi es una alegría abrir el blog y encontraros.
milagros
Saludos, Milagros:

Te informo que he concedido a tu blog el PREMIO AMISTAD.

Espero que te guste, chica.

Un beso.
Me he detenido aquí,en este poema raíz de muchas preguntas.Tienes mucha fuerza en tus versos, eres sincera, como yo que sólo escribo de la novela de mi vida, sin ambages.
Un beso

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.