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¿ Por qué me temes?



Nunca sabrás como soy
¿Por qué me temes?
Yo tampoco te conozco,VIDA.

Tú y yo nunca nos encontraremos.

No compartimos el mismo lugar,
el mismo techo,
el mismo asiento,
ni la misma comida…

Cuando yo me apee en tú andén,
en el mismo instante,
tú tomarás tú tren de partida.

Foto Goyo Hueso ( Colección grafittis de Tarazona)

Comentarios

María (lady) ha dicho que…
Precioso poema!
Quizá te sorprenda algún día ... nunca se sabe ... la vida es así.
Recogí tu regalo ¡gracias guapa!
Un beso de fiesta
estherpino ha dicho que…
No queremos hablar ni saber nada de ella, y sin embargo sabemos con toda certeza que antes o después, todos tenemos una cita a la que no podremos faltar.
Yo creo que nos abrirá la puerta a una nueva dimensión donde viviremos "otra" vida, sin volvernos a encontrar con ella.
Un abrazo.
Luisa Arellano ha dicho que…
Nunca se encontrarán... y sin embargo van unidas.

Ya tengo tu enlace en mi blog junto al premio.

Un beso.
M. Angel ha dicho que…
Tu versar es armonía
es esencia de otro cielo
Hermosa tu poesía
Mas, que mariposa en vuelo.

Placer poder leerte.

Saludos sinceros
MiLaGroS ha dicho que…
Maria, Esther, Luisa, M. Angel, Muchas gracias por vuestras visitas y aportaciones que enriquecen este rincón. Un abrazo para todos. milagros

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.