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En el viejo molino
habitado por años,
 hierba oculta los restos
del camino trazado.

En el viejo molino
se siente aún el pasado
repleto de los ecos
de chiquillos jugando.
Marineros de río
son de juncos sus barcos
y ellos corren tras ellos
por la orilla descalzos.

En el viejo molino
ya no habita el verano,
ni el olor a pan tierno,
Todo se ha desconchado.

La historia a los sencillos
nos trata cual bastardos.

Comentarios

Alicia Abatilli ha dicho que…
Lástima del molino y la falta del pan recién horneado.
La fotogría me recuerda la casa de mi niñez, lo mismo tu poesía.
Gracias.
german ha dicho que…
https://m.facebook.com/LaPoesiaEstaPresenteYFlotaEnElAmbiete?_mn_=11&refid=17
Por favor unansen like soy poeta y quiero apoyar talentos nuevos y antiguos gracias
Licaón ha dicho que…
Muy buen poema Milagros, pero sobre todo me encantan los dos últimos versos. Llevo un tiempo siguiéndote (casi desde que empecé a tener un blog, pero tampoco hace mucho de eso =)). Un saludo, y felicidades por todo lo que escribes!

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La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.