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Te echo de menos.



Te echo de menos hada buena,
loca de vida,
empedernida idealista,
niña eterna.


Te echo de menos
aunque yo se que estás
contando las estrellas
y admirándote de los secretos
que la eternidad nos guarda.

Debí exprimir más el tiempo
contigo.
No pensé que te fueras a ir
tan pronto;
se te veía débil
pero como un sauce.

Te quiero Madi,
guárdame 
un sitio a tu lado
 quiero pasar la eternidad riendo.


Para Marisa de Milagros.

Foto Mady. 



Comentarios

Rosa B.G ha dicho que…
Muy triste, melancólico, lleno de recuerdos, esencia de esa persona que se ha ido, pero muy lleno de sentimiento.

Me gusta.
Un beso

Rosa
samm69 ha dicho que…
hermoso
Anónimo ha dicho que…
preciosos versos para quien se fue, me recuerdan los versos que no pude escribir a mi madre padre y hermanos , todos ellos en el alma mía...

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La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.