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Ya es hora de que me quite peso.


Quitarme por ejemplo
las ramas carcomidas.
Esas que ya no brotan.

Me siento humillado
y es tan grande mi sombra...
Ya es hora de podarlas
para que el viento fresco
me recorra y renueve.
Hice grande mi copa
pero no alcanzó el cielo,
al contrario,
fue viacrucis mi otoño
y ahora pido auxilio.




Comentarios

PATRICIA PALLERES ha dicho que…
HOLA MILAGROS!! MARAVILLOSAS LETRAS!!
http://entrelosrincones.blogspot.com.ar/
Anónimo ha dicho que…
Tu sombra es grande pero más grande es tu alma que esa no tiene sombra. Tu cáliz no llegó al cielo pero el cielo llegarà a ti si tu dejas de ser tu sombra.
Poeta Edwin Yanes ha dicho que…
Saludos cordiales y éxitos en tu labor poética, eres la ganadora del premio DARDOS, pasar por él a: http://www.poesiagt.com/2014/01/premio-dardos-poemas-de-amor.html
Leonardo Ginés ha dicho que…
Buenos días Milagros;

Me gusta mucho lo que haces, en general la temática de tu poesía y el cómo lo transmites. Un abrazo
ReltiH ha dicho que…
NO IMPORTA QUÉ, SIEMPRE SE RESURGE.
UN ABRAZO
Anouna ha dicho que…
Un poema poderoso, en el que me surge la palabra Renovación, y eso es lo que la vida nos solicita, airearnos para seguir frondosas.

Excelente poema!

Abrazo
Anouna
montseir ha dicho que…
aunque hayan que podar algunas ramas, en cada final se esconde un nuevo comienzo

buen poema!

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.