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Pregón de primavera


Mi suelo sigue verde
a pesar de que mi refugio se haya hundido 
y mis ramas
 expresen  la  ausencia  con  su desnudez.

Sigue verde
 aunque el muérdago sea  un ocupa
 de mi  sitio;

porque a veces ,

 aunque me siento un olivo  centenario
 sin otra expectativa,
soy también un almendro vigilante,
pregón de  primavera.

MiLaGrOs




Comentarios

María Socorro Luis ha dicho que…

La naturaleza, tema recurrente e importante en tus bellos poemas.

Abrazo, poeta
Roque Soto ha dicho que…
Un abrazo, Milagros.
Hoy he puesto uno de tus versos en gallego.

Un abrazo
Ruben Callejas ha dicho que…
Me encanto tu poesía , pensar en verde , en juventud , en florecimiento , en plenitud , en seguir , en no claudicar aunque por momentos uno sienta eso , gracias por la poesía . Te dejo un abrazo , desde hoy te empiezo a seguir , y si un día tenes ganas y tiempo , te dejo la dirección de “Les dije que me llevaran al médico “ blog de poesía www.rubendariocallejas.blogspot.com.ar
Titania ha dicho que…
Me encantan tus metáforas de la vida.
Ya que la vida no es otra cosa que pura metáfora.
Es extraordinario cómo lo expresas.
Irene07 ha dicho que…
El poema es precioso, Milagros tienes un don para la poesia!!
Josefita ha dicho que…
Me gusta todo lo escrito por ti y te admiro recibe un saludo andalus
Josefita ha dicho que…
Me gusta todo lo escrito por ti y te admiro recibe un saludo andalus

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.