Ir al contenido principal

Sólo el cariño




Indefenso, decrépito,
atado de pies y manos,
reducido,desvalido,
completamente dependiente,
despojado de ilusión,
desorientado y perdido.
Sólo el cariño le acaricia
él está ahí constantemente;
su llama no lo apaga
ni la desesperanza, ni el dolor.

Todo lo demás tiene alas.









Comentarios

Seroma ha dicho que…
tienes razón... todo lo demás tiene alas...
Jüsticiero - David Campos ha dicho que…
Buenas... me encantan sus poemas.

Yo he abierto recientemente un blog de poesía pero es difícil encontrar aficionados a la lectura en estos tiempos, por eso me gustaría que pusiese usted aunque sea en un rinconcito de su blog un hiperenlace al mío: http://grispraderaverde.blogspot.com/
Gracias.
Ana Márquez ha dicho que…
Sólo el amor permanece...
Bello :-)


Os aviso de que estaré unos días sin publicar, tengo que cuidar ciertos problemas de salud que me asaltan en los momentos más inoportunos. No os extrañéis, pues, si no me veis en un tiempo. Un beso grande y hasta pronto, si el Cielo no ordena otra cosa.
Gaspar II ha dicho que…
Y que el cariño no le deje de acariciar, nunca.

Besos

Entradas populares de este blog

SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.