Ir al contenido principal








Tenias que plantarte en la cabeza  un jardín
para que tus ojos fueran raíces
que se agarraran  a cualquier escalofrío.
Lo siguiente  fue una  paz sin trincheras,
sin puertas cerradas, ni secretos.
Al volver la luz me acariciaste,
y desapareciste con una sonrisa
en completo silencio;
sin que sepa  si solamente yo te vi.


Foto. Goyo Hueso.

Comentarios

cm ha dicho que…
Un poema corto y lleno de magia, me ha encantado la dulzura de tus versos. Un placer leerte, Cecilia
Anónimo ha dicho que…


A veces no escribe uno .escribe el alma o las musas o el duende y tu a menudo tienes lo mejor .duende,musas alma y corazon..Magistral
Deni ha dicho que…
Me gusto!!!!!!