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Cuando pienso un lugar en el que me gustaría estar,
no se me ocurre otro mejor que en tu mirada.
Esa mirada dorada que me recuerda 
a las gotas de agua 
en la arena de la playa que 
dejan las olas al atardecer.
Nuestros ojos ríen cuando nos miramos
y yo me siento en una isla solitaria
en que no necesitamos
ni siquiera tocarnos .
La fuerza de nuestros ojos es bastante
para que nos sintamos en el lugar perfecto.

Comentarios

Rosa B.G. ha dicho que…
Me gusta! lleno de emoción y sentimiento. Perderse en la mirada del otro, no hay nada más romántico.

Un abrazo.
Gracias por hacerte mi seguidora en el blog. Encantada de que me visites siempre que quieras.

Rosa.
María Socorro Luis ha dicho que…

Siempre tocando corazones.

Te dejo una caricia.
Clara ha dicho que…
Precioso!. Con algunas miradas, sobran las palabras.
Besitos
Anónimo ha dicho que…
Me encanta
Byron ha dicho que…
La persona amada siempre es el mejor lugar, el mejor momento, su pecho nuestro hogar. Me gustó mucho el poema, gracias

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Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.