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La voz en la memoria




Es la primera vez que un poemario me engancha tanto que lo leo de golpe.

Ricardo Fernández Moyano es uno de los grandes poetas de nuestras letras aragonesas, pero su sencillez  y su cercanía le hace pasar desapercibido . No va de divo sino de ser humano entrañable y normal por eso es grande como poeta; porque para ser poeta no hace falta parecerlo sino llevarlo dentro.
Sus poemas profundísimos , de fácil lectura ,son una reflexión profunda de la vida y de la muerte, ambas mellizas, a raíz de un acontecimiento que le marcó profundamente: La muerte de su madre.  Y es una delicia leerlos . Si alguien está interesado en adquirir este poemario que se ponga en contacto con Ricardo www.lavozenlamemoria.blogspot.com

Feliz día de Reyes.

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Comentarios

Ricardo Fernández Moyano ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ricardo Fernández Moyano ha dicho que…
Gracias Milagros por la estupenda reseña. Me alegra que te gustara el libro y mis poemas. Siempre pensé que el tema de la muerte sería poco atractivo para un libro, claro está, que es mi experiencia de esos días de duelo que hay que tratar de superar inevitablemente cuando perdemos a un ser querido.

Gracias por todo.

Besos.

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
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Iniciar el descenso
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sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.