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Mi corazón te aguarda.





Mi corazón te aguarda
marino en la montaña
en playas de tomillo;
sin calendario, horas,
o arrugas de siglos.
Mi corazón te aguarda
perfumado, impaciente,
enamorado, tibio…
Más allá del destino.

Como el cauce al río.

A  Leonor Antonio.

Soria 1-Agosto -2012
( Centenario de la muerte de Leonor,
mujer de Antonio Machado)

Milagros Morales García.

Comentarios

Ian Welden ha dicho que…
Bello y sentido homenaje a esa gran luchadora.
Tu poesía, a pesar de la tristeza, es un manantial de agua fresca que calma nuestra sed de justicia.
Un saludo desde una Copenhague sileniosa y amedrentada por los paros,

Ian.
Alicia Fernández ha dicho que…
Que gran homenaje. Me ha gustado mucho. Saludos...
Profesor Aronnax ha dicho que…
Gracias por regalarnos estos versos, estas hermosas palabras que gracias a usted y a su habilidad de acomodar la palabra correcta en el lugar correcto podemos deleitar

Suerte.

http://independiente-01.blogspot.com/
Profesor Aronnax ha dicho que…
Gracias por regalarnos estos versos, estas hermosas palabras que gracias a usted y a su habilidad de acomodar la palabra correcta en el lugar correcto podemos deleitar

Suerte.

http://independiente-01.blogspot.com/
Profesor Aronnax ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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Decir NO a los platos mal condimentados.
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.