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Cada día acudo a tu templo
a tu puerta  tornada;
nunca me sacia tu comida.
Intento  filtrarme como un haz
en  tu  recinto vacío;
pero has quitado la aldaba
Lo intento en tus vidrieras
más tu cristal es insumiso
 como el rayo.
Mi corazón es la esquela clavada
en tu madera carcomida.
Como una mendiga
 me arrodillo en tu atrio.
No quisiera esperarte, pero,
le puede  al hambre el deseo
de que la puerta se abra.

Comentarios

Juan Risueño ha dicho que…
Incertidumbre, siempre, de ver más allá de lo que creemos entender...
Noris Marcia ha dicho que…
Milagros, bellisima poesia, me ha resultado calida y amorosa. Un saludo gentil desde EEUU.
Azrael ha dicho que…
Magistral Milagros, palabras mágicas que encierran los caminos de tu alma. No cambies, eres luz para las palabras. Un abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Hola Buenas noches, leí su blog y me pareció extremadamente bueno , me considero fan de la poesía y la tuya es muy hermosa, creo que este mundo sin la poesía no seria el mismo , aunque creo que en estos días se ha olvidado un poco y dejado de lado , pero me da gusto que personas como usted sigan escribiendo ;un saludo!! Atte. Sofía

Entradas populares de este blog

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.