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Cada día acudo a tu templo
a tu puerta  tornada;
nunca me sacia tu comida.
Intento  filtrarme como un haz
en  tu  recinto vacío;
pero has quitado la aldaba
Lo intento en tus vidrieras
más tu cristal es insumiso
 como el rayo.
Mi corazón es la esquela clavada
en tu madera carcomida.
Como una mendiga
 me arrodillo en tu atrio.
No quisiera esperarte, pero,
le puede  al hambre el deseo
de que la puerta se abra.

Comentarios

Juan Risueño ha dicho que…
Incertidumbre, siempre, de ver más allá de lo que creemos entender...
Noris Marcia ha dicho que…
Milagros, bellisima poesia, me ha resultado calida y amorosa. Un saludo gentil desde EEUU.
Azrael ha dicho que…
Magistral Milagros, palabras mágicas que encierran los caminos de tu alma. No cambies, eres luz para las palabras. Un abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Hola Buenas noches, leí su blog y me pareció extremadamente bueno , me considero fan de la poesía y la tuya es muy hermosa, creo que este mundo sin la poesía no seria el mismo , aunque creo que en estos días se ha olvidado un poco y dejado de lado , pero me da gusto que personas como usted sigan escribiendo ;un saludo!! Atte. Sofía

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.