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Siento que mi estómago se comprime como el fuelle de un órgano pero no se llena de sonidos mi catedral. Retumba el quejido de la puerta al abrirse y al cerrarse; se ha colado el vértigo de nuevo y se arrodilla a rezarle letanías a la duda. Permanezco inmóvil en la penumbra ante el retablo de mi vida incompleto. Las bóvedas son demasiado elevadas   para mis escaleras; nunca alcanzaré el techo que albergo. Mi ilusión   seguirá suspendida   de una sirga en el centro y mis altares sin santo. Catedral de Tarazona Foto y poema Milagros Morales.

Hasta la profundidad de los barcos hundidos.

Me sumerjo hasta la profundidad de los barcos hundidos, donde las algas y los peces sin ojos han creado su hábitat. Allá el enmudecimiento y la ceguera atraen al peso que no flota. Me siento atrapada por un abrazo de losa milenaria; entonces reacciono y dejo de sentirme. Me olvido de mi misma y poco a poco, asciendo. Una vez arriba me ondula la brisa y soy ola de nuevo. Beso la comisura de los labios de la vida.
  Es un atardecer lavanda en que se desdibuja mi tierra entregada. Tu resplandor  me perfila Mientras te marchas. Fotos y textos. Milagros Morales.

Quiero vivir.

Quiero vivir; y no porque mi creador lo quiera sino porque lo quiero yo. Independientemente de los motivos que él tuvo para crearme, una vez concluida no le pertenezco. Tampoco me pertenezco a mí. Siempre está el destino en movimiento y la piel toma el color del camino. Hay cosas que se escapan del cincel de los sueños de las previsiones y los desafíos. Quiero que la vida transforme mis pestañas en alas, que mis labios sean volcán encendido, que mi útero la charca de peces en carrera, para darle sentido. Foto Goyo Hueso.

Hincada.

No he avanzado nada. Es la vida la que pasa por mis orillas y yo creo que ando; pero sigo hincada en el mismo barro que soy. Tan indefensa   como un niño, tan sensible como la hoja al viento, agrietada en el mismo amor que me cura. Foto y poema Milagros Morales.
Lo único que   queda es la mirada. Un atardecer se prendió en ella para siempre. La silueta de la luna,   se difuminó la noche en que su melena,   dejó de ser mar. No hay vuelo en la falda de los barcos anclados.

Con un hachazo

Con un hachazo me has llenado de resina y no hay lluvia que lave mi corteza, el resto de mi existencia desde ahora será pegajosa y pringada. No sé como librarme de esta sensación   de pertenencia   tan intima, de la prisión perenne que vivo   solo, de este olor que exhalo y   no me perfuma, de lo que fluye de mis propias entrañas y que en mi se queda. Me pinchan millones de agujas con el viento mientras un magma frio me recorre y arrasa las alas trasparentes que hospedaba.