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Dulcinea.



Para  mi amiga Lucia.



En tus rizos se quedaron enredados
 fantasías y sueños.
Con ímpetu se abalanzaron a tu fuente
  sedientos de  vida.
Las aspas del molino de viento fueron pájaros.

Fue un instante mágico
antes de formar parte de esa tinta
que te atraparía eternamente.
Era atardecer de primavera
y el último rayo de sol
se prendió en tus ojos.
Él entonces te  dijo:" Dulcinea”.
Te sonreía. Y tú le contestaste.


Comentarios

María Socorro Luis ha dicho que…
Delicioso. Ternura, lirismo, magia. Y tanto sentimiento... Un abrazo para el alma.

Cariños.
MarianGardi ha dicho que…
Bellos versos y bello paisaje.
Un abrazo, estoy en los últimos días de carrera
Manolo Jiménez ha dicho que…
Siempre habrá Dulcineas y Quijotes y también molinos de viento ¿o eran gigantes?

Abrazos.
Ana Márquez ha dicho que…
Eran gigantes, ¡lo eran! Vive Dios.


Precioso! Un besazo para las dos :-)
Jorge Encinas Martínez ha dicho que…
Hermosa dedicatoria, enredada en fantasías y sueños.

Un abrazo
RELTIH ha dicho que…
BELLISIMA DEDICATORIA.
BESOS
Dolores Reina ha dicho que…
precioso, me gusta el ritmo, te invito a leer mis textos, saludos!
Seroma ha dicho que…
tiempo ha que no visitaba tu blog.. no me lo perdono.... continúas con tu exquisita sensibilidad...
sam rock ha dicho que…
Un beso lleno de aires de la Mancha,amiga Milagros.
Anna ha dicho que…
Me gusta tu poesía, es dulce y armoniosa y transmite paz cada uno de tus versos.
Seguiré leyendote.
Un cariñoso saludo
Nana

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.