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Estoy aquí

Estoy al pié de una farola.

Llueve y el asfalto es espejo
de la luz : Haz , camino.
No sé en realidad que espero;
 aquí estoy,
 bajo la lluvia pausada .
Quizá deseo,
 limpiarme de las huellas
que empañan mis cristales,
o anhelo ecos
que me hablen de estrellas.
No lo sé.
Simplemente dejo que llueva.
Que llueva hasta que pare.





Comentarios

Doña Bostezos ha dicho que…
La lluvia tiene esa extraña sensación...
Hoy amaneció lloviendo fuertemente y no dejó de hacerlo hasta mis 10...lo disfruté tanto..no hice nada mas que seguir recostada por mucho rato escuchando las gotas caer..era como una limpieza tanto exterior como interior porque me dió tiempo para pensar en todo lo que tengo que hacer esta semana y de paso descansar un momento hablando conmigo misma sin mas voces de nadie en esta casa...
Un saludo cariñoso en este lunes que comienza...
Mirella
Cris Gª. Barreto ha dicho que…
Querida Milagros:

¿Recuerdas lo que decía William Shakespeare?...
"El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia"

Pues eso, tras la lluvia el sol vendrá con sus alas a apartar La nostalgia y el frío, y la felicidad estará nuevamente acariciando las pieles.

Te envío un beso muy fuerte amiga.
Cris.
Juan Risueño ha dicho que…
En la vida hay momentos en que paramos a hacernos preguntas para las que nadie tiene respuesta.
Ni quizá tampoco nos haga falta.

Saludos
RELTIH ha dicho que…
UFFFFFFF, TREMENDO TEXTO!!!!

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.