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Miro más allá


Miro más allá de mis nubes
de mi humanidad con hora;
todo lo demás
queda en blanco.
Y te doy mi mundo
toda yo en mis manos.
Dudo y me hago preguntas
pero mis fuentes son mi fortaleza.
Siempre puedo más de lo que quiero
algo de mi nace nuevo cada día.
Esta soy, aquí estoy. Desnuda.


Escultura de José Martinez Aguado



Comentarios

Garcibáñez ha dicho que…
Muy hermoso. Y la foto también.
Gerard Llorens DeCesaris ha dicho que…
Hola,
Tengo un blog de poesia. Escribo en principalmente catalan...He pensado q te interessaria, si quieres ya te puedo recomendar este escrito en castellano http://poemesgerard.blogspot.com/2011/01/deures-de-castella.html

Vagi bé!
RELTIH ha dicho que…
...EN SU PUNTO DE COHERENCIA.
UN ABRAZO
Juan Risueño ha dicho que…
Escultura y poema muy humanos.

Un abrazo, amiga Milagros
Ángeles ha dicho que…
Hola Milagros, me ha encantado como terminas el poema...Aquí estamos todos desnudos... desnudos vinimos al mundo, y a cada uno de nosotros nos implica el vestirnos con lo que nos queramos llevar.

La escultura es una pasada..."Equilibrio" ese es nuestro equipaje...
Un abrazo con cariño.
Ross Yta ha dicho que…
Y cuánto alma se desprende con la ropa, y cuánto misterio queda iluminado con la desnudez.

Te sigo, poesía es vida.

Un saludo desde Valladolid.

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.