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Nunca cerraré mis alas.


La tormenta es crisálida
de mi corazón sensible,
que vuela más allá
de lo que percibe y siente.
Nunca cerraré  mis alas
-como un abrazo tiernas-
que dejan en tus manos huella
de alma desprendida.
No guardo colores
 para vitrinas o apariencia.
Seré yo, siempre;
transparente al sol,
aunque un breve soplo
me devuelva a la sed
de un néctar tardío.

Foto Antonio Casas ( el gaitero del Moncayo)


Comentarios

Ángel Isidro ha dicho que…
Milagros, me he dado el gusto de pasar por tu blog, porque me gusta
leer tus poemas ya que hacía algún tiempo que no lo hago porque no me da para más pero confieso que no te
olvido. Tedeseo una feliz semana y
recibe miabrazo sincero.
Un beso
Ángel.
RELTIH ha dicho que…
GUAUUU, SENTÍ SU PENSAMIENTO MÍO. MÁS BIEN ME SENTÍ EN SUS LETRAS. EXCELENTE!!!!
BESOS
Lucas Fulgi ha dicho que…
Muy lindos poemas los tuyos.
Seguiré pasando.

Saludos
pablo ha dicho que…
Enhorabuena por el blog y por los premios. Tu poesía es como yo digo, una manera de expresar sentimientos con palabras rozando el pensamiento filosófico. MUy buenas poesías. Espero que visites mi blog, me gustaría algún comentario de alguien que entiende de poesía. Gracias!

http://poesiayotrosvicios.blogspot.com


Pablo.
Juan Risueño ha dicho que…
No cierres tus alas, no cierres tu corazón sensible, amiga Milagros.

Un abrazo
Gardenia ha dicho que…
bellaaassss !! es como mi ejemplo a seguir!! apenas empezando... me encantaron sus poemas !!!! espero un día escuchar su opinión sobre lo que escribo

http://leyendasdegardenias.blogspot.com/

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.