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Tules rojos



o                                                        Cubro mis oquedades más oscuras
o                                                        con tules rojos transparentes. 
o                                                        Después las ilumino con farolillos,
o                                                        siete, el número sagrado.
o                                                        Así consigo una estancia acogedora,
o                                                        un ambiente insinuante
o                                                         de cerezas maduras.
o                                                        Pero sigue vacía  la silla del sol





o                                                        .

Comentarios

Alma Mateos Taborda ha dicho que…
No te preocupes que con tan buena ambientación, no hay dudas que será ocupada. Bello, muy bello. Un abrazo.
PATRICIA PALLERES ha dicho que…
HOLA AMIGA!!!!

MARAVILLOSO POEMA.

UN BESO. . .PATRY
Noray ha dicho que…
Saber conjugar las sombras y las luces es sin duda una ardua tarea en la que nos empeñamos cada día.

El último verso es sublime.


Un abrazo.
MarianGardi ha dicho que…
Milagros, aqui no salen las O como en facebook. Ya decía yo que no era normal, por eso me dejaste en blanco.
Cuando la silla permanece vacía ya se puede decorar la casa que todo es una impostura.
Ahora si entiendo la silla del Sol jejeje
Besos
MarianGardi ha dicho que…
Y añado ¿cuantos habrá sentados en esa silla, creyendo que les pertenece?
Ana Maria Nedelcu ha dicho que…
http://magicfoto.blogspot.com/
Juan Risueño ha dicho que…
Cuesta ser luz cuando domina lo oscuro.
Cuando es un cómodo refugio -fortaleza- frente a uno mismo.

Un abrazo

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De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.