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Despedida.




Te he besado con besos eternos,
la lucha ya no tiene sentido,
ni rebelarse o sufrir ante la evidencia.
Nuestra limitación se resquebraja;
es una tela que se abre de tan usada
 y un pedazo la vuelve más vulnerable.
Solamente el perfume que nos impregna
es bastante, para decir  cuanto amor
hay en  esta  despedida.
No diremos ya más, ya lo dijimos todo,
todo lo sabemos, aunque no lo entendamos.
Dejaremos que el silencio  nos reconcilie con la pena.


Foto de Arte fotográfico.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Esa despedida es un poema muy tuyo Milagros, de los que no te pueden plagiar, semeja un descarga eléctrica y aunque parece demasiado "natural", su cuerpo el un relámpago de alma a alma....
Anónimo ha dicho que…
Esa despedida es un poema muy tuyo Milagros, semeja una descarga eléctrica y aunque parece demasiado "natural", su cuerpo es un relámpago de alma a alma.....Luis Ángel Marín Ibáñez
Alicia Abatilli ha dicho que…
Si lo han dicho todo, queda esperar.
No sé si la despedida.
A veces las palabras no son tan fuertes como creemos.
Un abrazo, Milagros.
Alicia
Roberto ha dicho que…
interesante poema y un placer descubrirte

Roberto
Anónimo ha dicho que…
YA ERA HORA DE RECONOCERLO, AHORA SOLO FALTA QUE SE HAGA REALIDAD Y CONTINUES TU CAMINO SIN VOLVER AL PASADO. SE FELIZ...tu amiga de madrid

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
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Iniciar el descenso
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.