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La edad


La edad
me desintegra cada día,
y libera el espacio que habito;
araña mis paredes,
mi tejado.
Solamente el alero,
un balcón sin codos,
y la huella de mi chimenea,
conservan mi identidad
arrebatada sin permiso.
Los rayos del sol
alumbran mi aurora,
pero no hay  sábanas 
que seduzcan al viento. 



Foto Goyo Hueso.

Comentarios

Juan Risueño ha dicho que…
Ni incluso a la intemperie nada, y menos el tiempo, nos arrebatará la esencia. Un abrazo
Anónimo ha dicho que…
...La Edad, está preñada de secreta claridad en el poema, como fruto de las sensaciones y el lenguaje para terminar en una veleta de colores desconocidos que da forma a todo el poema...multiplicando la sugestión. Un abrazo Milagros

Luis Ángel Marín Ibáñez
Leo ha dicho que…
Tú no te desintegras así como así, con tanta claridad como esa figura,
yo te veo llena y repleta para, repeler lo que te detenga y derrumbe tu entereza.
Abrazos, Milagros.
Leonor
María José Collado ha dicho que…
La edad nos va tallando,
primero fuimos un cristal en bruto.

Un buen poema.

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Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.