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Ya no seré paloma
que acuda a tu playa
en busca de comida;
sé que hay otra orilla
-no mía-
que no puedo alcanzar.
Desde ahora
 haré castillos en la arena
y los inundará la pleamar.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
..me parece un poema muy bello y sugerente, muy poliédrico y con una profundidad que lo hace aún más grande, sin trivialidades...cantando hacia abajo....hacia lo sordo...no en superficie...Luis Ángel Marín Ibáñez
Horacio Martinez ha dicho que…
Hola realmente tu poema me encanto, es tan bello, me gustaría que te dieras una vuelta por el mio http://poetasdelnuevosiglo.blogspot.mx/ la verdad me gusta mucho la poesía no se de reglas métrica ni nada pero me gusta expresarme por medio de versos me gustaría me dieras tu opinión saludos
Zak ha dicho que…
Increíble, me identifiqué. Cierto, debemos comprender cuando la orilla no es nuestra. Saludos.

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La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.