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Balada de la crisis rosa






Balada de la crisis rosa.

En la peluqueria veo:
Las mansiones en la prensa rosa,
los yates en la prensa rosa,
las fiestas en la prensa rosa,
la cirugia estética en la prensa rosa,
las joyas en la prensa rosa,
las pieles en la prensa rosa…

La vida llena de emociones.

Y le digo a la peluquera
 que me rape el pelo
para que así no me lo tomen.


  Foto Goyo Hueso.

Comentarios

Juan Risueño ha dicho que…
jaja, muy bueno Milagros
Laura Caro ha dicho que…
Sencillo y genial.
Un abrazo, Milagros.
Sherezade ha dicho que…
Querida Milagros: Buenísimo, la verdad. Si sólo nos tomaran el pelo.....
Mil estrellas cargadas de fuerza y alegría
Sherezade
José Ramón ha dicho que…
Milagro muy chistoso jajaja
saludo desde…
Abstracción textos y Reflexión.
Anónimo ha dicho que…
Jajajajaj,Milagros asi me gusta eres muy simpatica y me imagino que rapada el pelo y con lo certera que eres,podrias ser la Robin de los bosques por tu Moncayo....genial
Azrael ha dicho que…
Mi querida amiga, que buenoooo.
A pesar de todo, en este año que comienza te deseo fuerza mucha fuerza para seguir trabajando por eso que nos hace felices: hacer realidad nuestros sueños. Un besazo gordo.
Alicia María Abatilli ha dicho que…
No valen la pena, que te lo rapes, tienes uno tan bello.
Déjalos, ellos tienen sus propias crisis.
Vos con tus poesías alejas las nuestras.
Alicia

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.