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Con la mirada abarco el horizonte.

Más allá de las redes
desafío tormentas
que se  llevaron  a mis hombres
 mar adentro.

Les espero eternamente
en el acantilado de mis brazos
donde no hay naufragio;
 mi pecho es fuente
 que amamanta la espera.

Las olas rugen culpables
contestando a mis lágrimas,
intentan acallar mi llamada
 de madre,
                        esposa ,
                                              abuela;

La sal se vuelve amarga,
el tiempo se relenta
y el azul permanece
sin devolver los muertos.

Foto Goyo Hueso.

Comentarios

Leo ha dicho que…
Buenísimo y precioso, mi amiga.
Aplausos.
Muchos abrazosssssssss
Leonor
Juan Risueño ha dicho que…
La mar, hermosa y traicionera. Y la inmensa y resignada fuerza de quienes esperan regresos de por vida.
Hermoso, profundo, Milagros.

Un abrazo
María (lady) ha dicho que…
Cuantos ojos en el orizonte,
cuantas lágrias bañando redes, puertos y playas.
Realmente hermoso!
Un beso.

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Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.