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En el  rastrojo de las malas hierbas
 buscan los pájaros inútilmente grano ,
 y desorientados van y vienen  a tejados secos.
¿A dónde irán a saciar su hambre de vida?
 Las huellas de cuchillas en la tierra
  desestabilizan  sus vuelos.
¿Cómo liberar al corazón que muere vivo
entre  cadáveres de  amapolas?

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Mira Milagros me parece un poema sugerente, lleno de calidad y de arcanos, como a mi me gusta, dejando las puertas abiertas para que el lector pueda jugar con su intelecto....creo que es un poema que está escrito cuando la noche del mundo extiende sus tinieblas....un abrazo mi querida amiga

Luis Ángel Marín
Alicia María Abatilli ha dicho que…
Cada mariposa se encargará de ello, de la liberación, digo.
Un abrazo
María (lady) ha dicho que…
Qué desolador!

Un abrazo.
Adelea Rojo ha dicho que…
Hola Milagros, he llegado aquí por casualidad y me gusta lo que he leído. Soy una gran aficionada a la poesía y estoy tratando de poner en marcha un Taller de Poesía de forma gratuita. Estás invitada. Hablaremos sobre lo que más nos gusta y escribiremos. Pásate si te apetece. elblogdeadelea.blogspot.com. Un cordial saludo

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.