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Tarazona.





Una inscripción  en el suelo
comienza el  recorrido por estrechas calles
llenas de cuestas ,plazas y escaleras.
Algunos edificios, con solera envejecidos
y otros con desidia.
El recinto amurallado hace visible
la desaparecida muralla.
Todo parece distinto hoy,
pero mañana,
 será suposición lo que ahora es certeza.
-La historia tapa su intimidad con la leyenda-
Las banderas del puente se han deshilachado
y la torres son nodrizas de cigüeñas.


Foto Goyo Hueso.
Poema. Milagros Morales. 



Comentarios

Fina Tizón ha dicho que…
Un poema que describe la belleza de Tarazona y consigue trasladarnos a ese lugar aunque sólo sea con la imaginación.
Un saludo.
FINA
Anónimo ha dicho que…
..pues no sé....las cigueñas siempre son releídas en las cifras exactas...y las calles buscan la reincidencia sobre su empavesado palimpsesto...en el murmullo de los signos cuaternarios...tal vez descifrando el delirio de otra edad...o el misticismo de un órgano insultantemente devoto...

Luis Ángel Marín
Anónimo ha dicho que…
❤!

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Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.