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Para Victoria.



Cubro mi ventana con ropa desvestida,

que  hacia mi armario pesado.

Uno circunstancias,
                         
                  estaciones,
                                             edades.

colores.
  
Anudo las prendas sin seleccionado;

queda así mi cortina bien atada.

Dejo en manos del sol  su destino;

yo también me siento  reciclada.


Foto Victoria Sanjuan.

Comentarios

Leo ha dicho que…
Jajajaa, ¡muy bueno! el armario también necesita en su perchero vistas nuevas.....para alegrarle el corazón....Bello reciclaje.
Muchos abrazosss
Leonor
María (lady) ha dicho que…
Hmmm! Yo debería hacer algo similar. Seguro que el armario y alguien más lo agradecería.

Buena idea!!
Besos.
Victoria ha dicho que…
Creatividad siempre... gracias me ha gustado mucho
Marita Santini ha dicho que…
Maravilloso poema !!! Por casualidad he encontrado tu blog y es realmente hermoso, lo has ambientado con una música preciosa que te invita a permanecer más tiempo en él. Te felicito. Puedes pasar a visitarme cuando quieras.
Seroma ha dicho que…
hermoso...me hizo acordar a mi "cuerda multicolor" aunque hablamos de cosas distintas tiene semejanzas...
indianala ha dicho que…
Anudar colores vividos y mostrarle al sol tu ternura. Hermoso Milagros!

Un beso
Roque Soto ha dicho que…
Un saludo, Milagros.
Juan Risueño ha dicho que…
Hay prendas que no ven nunca el sol, que permanecen, como dices, desvestidas, y quizá nos sienten bien. Manías...

Un abrazo
ferfnando N ha dicho que…
gracias, que lindos poemas

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.