Ir al contenido principal

Huella ausente.



Cubren las hojas secas
todo tu recorrido
y parece que seas
apenas huella ausente.
En tapiz desolado
crujen mis pasos torpes
como  corzo perdido
que ve caer la noche.
Solamente el sonido
delata tu corriente
entre piedras y musgo
aunque no seas fuente.
No beberé tu agua
pero estás en el hondo
y  mi bosque atardece
con un  canto sonoro.






Fotos y poema  Milagros Morales.

Comentarios

Victoria ha dicho que…
Precioso y profundo. Eres Poeta del ALMA
Jose Ramon Santana Vazquez ha dicho que…
...honda mina vive en tí...un abrazo Milagros. j.r.
María Socorro Luis ha dicho que…
Hoy tu poema me ha gustado especialmente.

En este registro, encuentro mas ritmo y mas poesía.

Un abrazo grande, Milagros.
Seroma ha dicho que…
voy a reiterarme.... un placer tus letras...
MiLaGroS ha dicho que…
Gracias a todos. Me alegro que hayas encontrado más ritmo Soco, porque intenté escribir una canción. Besos y abrazos a repartir entre todos.
Anouna ha dicho que…
Es una maravillosa metáfora. La ausencia se hace más evidente cuando aparentemente no deja huellas presentes, pero es importante cuando su sonido hondo aún permanece.

Realmente eres una Poeta genial!

Besos
Anónimo ha dicho que…
me a gustado mucho tu poema!!
muy profundo.
ami me gusta mucho escribir poesia
y e echo un blog te lo dejo por se te interesa que lo mires.
http://mipoesiamivida.blogspot.com/2011/11/un-deseo-ala-luna.html

Gracias
Laura.

Entradas populares de este blog

SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.