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Nubes y nieve.



Nubes y nieve desde mi ventana;
es hora de hacer fuego,
mantenerlo encendido.
El calor está adentro
y tejo una bufanda;
tengo recursos para el frío.
Puedes hacer lo que te venga en gana.

Fotos y poema  Milagros Morales.





Comentarios

Antonio Alfonso Alonso ha dicho que…
Qué escalofrío tan sudoroso ha atravesado mi dorso, jeje. Intento recuperar el tono.
Luis Nieto del Valle ha dicho que…
Un poema en perfecta conexión con la defensa del ser humano ante la dureza del clima. Lo concreto, el microcosmos del hogar, en representación de lo que, de algún modo, ha sucedido siempre en ese pasar la vida a través de la historia.
Un beso
Sneyder ha dicho que…
Tiempo al calor del hogar, afuera la nieve trae la belleza...


Un beso
Carmen Tomeo ha dicho que…
¡Que suerte!
Es un regalo del cielo, disfrutar a la vez del frio de una estampa nevada y del calor de un bonito hogar.
Un saludo
mario recamier ha dicho que…
Muy buen blog felicidades deunpoetadiarioblogspot.com
Juan Risueño ha dicho que…
¡Que tiemble el frío!

Saludos
El Asqueado ha dicho que…
hacer lo que se venga en gana... como todos los poetas... saludos... estoy aprendiendo a usar esto...
Leo ha dicho que…
Cuando el frío arrecia y la nieve asoma su cara, por tu cama a templar, no te asomes a ventana porque la gripe cerca amenaza.

Muchos abrazossssss

Leonor.

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.