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En busca de mi flor.


Al fin parece que la noche deja paso al alba.

Sigue haciendo mucho frío y las nubes en el cielo
provocan ráfagas de agua nieve, pero
dentro se está confortable, sabiendo,
qué leña calienta y mantiene las brasas.

El camino sigue siendo una cuesta
que deja la respiración entrecortada,
y hace que el corazón lata a cien por hora,
pero no hay ningún cortado.
La senda aunque angosta,
sigue serpeante.

Los árboles están desnudos,
la nieve se mantiene helada,
y apenas en los campos quedan restos de vida...

Pero yo sueño con volver a sembrar en ellos una primavera
con margaritas y trigales verdes,
donde poder volar con mis alas de mariposa
en busca de mi flor.


Foto G. Hueso.

Comentarios

INZOA ha dicho que…
Renovemos nuestras alas a diario. Las necesitamos. Que no nos falten ganas de volar.

Un abrazo

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La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.