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Mi barquita






Siempre tendrás mi barquita
para llegar a mi orilla,
y mientras llega el encuentro,
serénate y se mi espejo.
Vuelve a ser niña.


Foto Roque Soto
...

Comentarios

Mery Larrinua ha dicho que…
Hermosos versos!
tiernos!
un abrazo
Leo ha dicho que…
Hola poeta, mi querida Milagros, por muy pobres que sean las fotos, tu siempre ves algo en ella, bellos versos.

Que tengas un buen fin de semana.

Abrazos de Leonor
Edurne ha dicho que…
La foto es preciosa, y ls versos que la acompañan, no menos...!

Besitos!
sam rock ha dicho que…
Gracias Milagros por compartir mis ojos con tu corazón. Es un honor estar en tu mansa orilla.

Un fuerte abrazo.
Pedro F. Báez ha dicho que…
Desde hace un par de días estás haciendo versos deliciosamente tiernos. Debe ser que anda retozando dentro de ti la parte de niña que te corresponde. Eso es un regalo, Milagros. ¡Disfrútalo! Beso y abrazo para ti, niña hermosa.
Ana Márquez ha dicho que…
"Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios"

Violeta Parra

Me lo han recordado tus dulces versos.
Besos.
loren ha dicho que…
Mi nombre es Loren, poeta del alma que lucha por el renacimiento de un mundo mejor. La belleza de tus versos solo se puede medir con la belleza de tu alma. Atentamente el guardian de la vigilia.
Cris Gª. Barreto ha dicho que…
Mi querida Milagros:

Siempre tu corazón latente avivando bellas imágenes.

Un beso querida amiga,
Cris.

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SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
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Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
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Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.