Ir al contenido principal



El este y el oeste son lo mismo:
Un lienzo en espera de pinceles.
Los mismos contraluces de los árboles,
 y el mismo espectáculo de luz y de colores
en  nacimiento y despedida.

La vida es como un día.

Amanece y atardece con farolas encendidas
y la misma luz sin cera.






Fotos y poemas Milagros Morales.

Comentarios

MarianGardi ha dicho que…
La vida la pinta uno mismo.
Gris tristeza, rojo pasión, azul amor, rosa melocotón, negro sombras, verde esperanza, amarillo luz, violeta devoción, marrón discreción, naranja sonrisas.
Pintemos nuestro cuadro particular en ese lienzo que espera los pinceles.
Ves me has motivado a buscar colores, ya pintaremos entre las dos un bello cuadro.
Un abrazo querida amiga y compañera de letras
Juan Risueño ha dicho que…
Nacer y morir son parte del día a día.

Un abrazo Milagros
Alicia María Abatilli ha dicho que…
A veces la vida es más que un día, a veces siquiera llega a ser unas horas, depende de nosotros.
Besos, Milagros.
Alicia
Sergio Omar Otero (Seroma) ha dicho que…
coincido con MarianGardi... es uno quien pinta la vida.. dentro de ese ciclo que tan bien describes...

Entradas populares de este blog

SOL Y SOMBRA

Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.