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Mi piel de pimiento.



Mi piel de pimiento
se pela con el calor  de los afectos.
Huelo a tomate recién cogido.
Me encanta el polvo
de la tierra en mi cuerpo
cuando lleno tu cesto.
Tapo mi corazón como al cardo;
lo protejo del frío.
Soy festín de mesa que alimenta.


De mi poemario " Hortal de poemas".



Comentarios

Juan Risueño ha dicho que…
Afectuosa ensalada. Plato diario.

Saludos
Ángel-Isidro ha dicho que…
De pimietos, tomates y pepinos
con el cesto lleno antes se subía
cada día del huerto, tu ensalada
milagros deduzce que es más particular, que así sea.
Un abrazo
Ángel-Isidro

http://elblogdeunpoeta.blogspot.com/
Alicia María Abatilli ha dicho que…
El cardo, molinete al viento, así es tu corazón en cada poesía.
Un abrazo, Milagros.
Alicia
Edurne ha dicho que…
Me ha gustado mucho esta entrada gastronómica, muy bien aliñados los ingredientes.

Un besote,amiga!
;)
Samuel Rego ha dicho que…
"La Importancia del Pimiento" la hubiera titulado yo. Un poema fresco y sencillo como la ensalada.
He disfrutado de tu mesa y sus manjares
Un abrazo.
Maria Eugenia Rojas Alegria ha dicho que…
Que deleite de poema, precioso. Gracias por compartir.
Un abrazo dulce de ternura.
Mau
sam rock ha dicho que…
Un abrazo. Y buen fin de semana, Milagros.
Anónimo ha dicho que…
Me ha encantado tu poema. Manejas la metafor con maestria
Anónimo ha dicho que…
Soy festin de mesa que alimenta
me ha desbaratado el cerebro
Saludos

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
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De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.