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Los perfumes de mi infancia.




Los perfumes de mi infancia son estos:
El olor de la tierra recién arada,
el  de la mata de tomate del huerto,
el de la hierba y el alfarce,
el de la albahaca de la peana
de la Virgen de la Huerta.
El olor de las mermeladas de mi abuela
de ciruela y alberge,
el de la paja trillada en la era,
el de las pinochas de maiz maduras
el del fuego de la leña de olivo.
Son perfumes que me han hecho cesto;
y ya sé que  mi mimbre los derrama
pero… ¿ Para qué los quiero sólo mios?.


De  mi poemario " Hortal de poemas"






Comentarios

Laura Caro ha dicho que…
Qué forma más especial de nostalgia la del olfato...

Precioso, como siempre.

Un abrazo grandote.
José Ramón ha dicho que…
Milagros que gratitud a este sentido en su poema como siempre maravilloso sus poemas feliz semana
Un cordial saludo de José Ramón desde…
Abstracción textos y Reflexión.
Leo ha dicho que…
Ummmm, cuanto se pierde la persona que no tiene olfatoooo,olfato del gusto, de la vida, de la musa de los poemas que nos dejas con sabor a huerta yyyyyyy mucho más.
Has pintado muchos colores en ese olfato de ricos sabores.
Un abrazoteeeeeee
Leonor.

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Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
texturas y sabores.
Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.