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En los charcos del deshielo




Me miro en los charcos del deshielo,
y las canales de mis ojos
se convierten en cascadas.
Hay nieve en mí
que opone resistencia a derretirse,
sigue siendo la sombra su aliada;
pero al final el sol podrá fundirla.
El reloj da la hora sin espera,
y a mi nieve desgajada,
le gustaría ser nieve en tu cima.
Nieve perpetua…
Siempre fría.

Comentarios

duncanwolf ha dicho que…
Has cerrado el círculo del agua, con espuma de ceniza.
Contemplo el mar como un amigo que me espera.

Hoy lo miro con otros ojos.
Me acerco al faro y desde las rocas, intento distinguir entre las olas,
La hoja azul que te entregamos, aquella tarde soleada de Invierno.


te encuentro en los regueros del deshielo.

un abrazo poeta.
milagros ha dicho que…
Otro a tí. Que te puedo decir, que me encantan tus poemas y que eres una poeta de alma y corazón.
Escribe mucho puñetera, que tienes mucha clase. milagros
M. Angel ha dicho que…
Me miro en los charcos de tu deshielo
En tus ojos ausentes que imagino
En tus versos que en ellos me fascino.
En tu versar hermoso mas que el cielo.

Gracias por poder adentrarme en tu blog.

P.D. No tengo blog. Escribo en algún foro de poesías
MiLaGroS ha dicho que…
Muchas gracias a ti. M. Angel.
Saludos. milagros

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Sol y sombra conviven  en mi  disputándose el cielo,  pero nada ni nadie puede  alcanzar ese espacio  que tengo en heredad Desde .él me asomo a la miseria  de la humanidad que me aborda  viendo como naufragan todos  los desvarios.



Saborear el presente

Volver a saborear el presente
como un manjar
y comunicarte sin cobertura.
Iniciar el descenso
dejándote llevar por la corriente
sin oponer resistencia . Atreverse con nuevas fragancias ,
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Decir NO a los platos mal condimentados.
Elegir miel de ternura.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.