Ir al contenido principal

Surcos





Voy abriendo surcos
en esa tierra roja del Moncayo.
Poniendo mi corazón
en mi calzado,
voy deshaciendo sus terrones.
Quiero sembrar en ellos esperanza,
dejar que se pudrá y germine
para que le salgan raíces,
y el futuro,
esté poblado de risas y de voces;
para que los pueblos no sean sólo recuerdo
para que florezcan los versos, los amores...
para que la brisa borre el invierno
al besar sus flores.

Foto Francisco Sanchez

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me introduzco en el surco.
Quiero, Milagros, sembrar contigo esperanza y vida. Avanzar por estas tierras del Moncayo abierto a las gentes que cada día sueñan y suspiran por un futuro mejor y una cosecha de flores.
EL SOÑADOR DE LA UTOPIA
milagros ha dicho que…
Hola Soñador de la Utopía.
Siempre es mejor sembrar con más gente que en solitario. Así que te espero. Tenemos mogollón de faena.
Un abrazo.

Entradas populares de este blog

La niebla

La niebla es muy densa por la carretera
pero tu conduces tu vida , recuerda,
yo solamente te puedo ayudar.

Mas si decides continuar en la niebla,
yo te prestaré mis faros antiniebla,
no puedo dejarte en total oscuridad.

Aunque seguiré insistiendo discretamente
para que busques un paisaje diferente,
ascendiendo a la cumbre
y dejándola atrás.

Pero sea tu decisión la que sea,
no olvides que siempre me tendrás.

Foto Goyo Hueso

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.